El caótico amanecer “trumpiano”

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Pasión por los Negocios

Por Demian Duarte

En una sola semana Donald Trump se las arregló para convertir su gobierno en una especie de show mediático de mal gusto que más se parece al “Show de Cristina” o a “Sábado Gigante”, que a un esfuerzo gubernamental dirigido y bien orquestado, y que trabaja a partir de sus filias y sus fobias, en donde México y el presidente Enrique Peña Nieto han quedado convertidos en sus villanos favoritos.

La verdad es que al inicio pensé que todo era una broma de mal gusto, pero poco a poco me di cuenta de que esa es la idea que tiene Donald Trump de lo que debería ser su estilo personal de gobernar, esto es tener ocurrencias, romper los moldes de la política y la diplomacia, y comportarse como chamaco grosero en la mesa, lanzando maldiciones a diestra y siniestra, y siempre quedando mal con las visitas, sin comerse la sopa, ni la ensalada y quedando mal con los anfitriones y los invitados.

Si bien para Trump México y los mexicanos somos una especie de víctima favorita, la prensa y los medios de comunicación no están de segundos en la fila y ya ha tenido varios episodios que mueven a la risa respecto a su trato con los muy respetados y temidos medios de comunicación estadounidenses, a los que su vocero primero interpeló por lo que desde la Casa Blanca consideraron una mala cobertura de la toma de posesión  de “Mr. President” y ahora su principal asesor, un tipejo de nombre Stephen Bannon, ahora ha pretendido mandarlos callar, señalando que lo que tiene que hacer la prensa cuando Trump habla es escuchar.

Y ojo, ese mensaje no es para cualquier medio, es para The New York Times, Chicago Tribune, The Washington Post, Los Angeles Times, NBC, CNN y una serie de instituciones del periodismo a las que los políticos y el mundo entero les guardan un enorme respeto, con la expectativa de que no se vayan a enojar. Y no es para menos, es el tipo de instituciones periodísticas que con un ademan de la mano izquierda, pueden derribar un gobierno, mover una montaña o abrir una frontera.

Trump, es en pocas palabras una mala broma, una copia al estilo gabacho de lo que habría sido un dictador de derecha, al estilo de Francisco Franco, o de Augusto Pinochet. El detalle es que ese “caudillo gringo” como ya le bautizó la prensa norteamericana, ni llegó al poder por la fuerza, ni tiene el respaldo de las fuerzas armadas y realmente está comenzando a jugar con fuego.

Juzgue sí no, al pretender jugar con México al rival más fuerte, está poniendo en riesgo inversiones e intereses por más de 165 mil millones de dólares al año, inversiones multimillonarias de trasnacionales y productos de consumo básico que su país necesita, pero incluso está jugando a inventar charadas.

Trump amaneció del lado izquierdo de la cama este jueves y pegó su “twittazo”, diciendo que si Enrique Peña Nieto no mostraba voluntad de pagar por el muro que dice que va a construir en la frontera con México, mejor ni fuera a visitarlo a Washington, luego ante la obvia alusión el presidente Peña dijo que bajo esas condiciones mejor cancelaba la visita de esta prevista para el lunes, y Trump tuvo la ocurrencia de Twittear que es porque así lo habían acordado.

Acto seguido, dijo que México pagará por el dichoso muro y que esto se hará poniéndole un 20% de arancel a todo producto proveniente de nuestro país que vaya a los Estados Unidos. Ojo, seguramente habla de los aguacates y los tomates, pero también de las cervezas corona, o los autos fabricados en México, industrias en las que están metidos intereses de empresas norteamericanas, pero con la siguiente situación, un impuesto a la importación  de productos de México, terminaría por pagarlo el consumidor en Estados Unidos.

Es decir, ¿Quién pagará por el muro? Los gringos, al menos así opera en cuanto a la política fiscal.

Creo que ese juego no le está saliendo a Trump como él quisiera y sí creo que el gobierno mexicano, a pesar de su reacción tardía, se anotó punto a favor, al rechazar la invitación y mandar a Trump a freír espárragos.

Y apenas va a cumplir una semana en el poder.

***

Ahora creo que le sobra razón a la gobernadora Claudia Pavlovich en su declaración de este jueves  respecto a Trump y su muro, al señalar que en Sonora eso ya existe, ha estado ahí por años y no estorba en la relación bilateral. Pregunte usted en Nogales, Agua Prieta o San Luis Río Colorado, y en todas esas fronteras la gente le dirá que ahí está el muro de la ignominia y que no sirve para otra cosa que afear el paisaje.

“En Sonora construimos puentes, mientras otros hablan de poner muros”, me parece que es la lógica de una política inteligente, en donde recibimos un mensaje incomodo y lo desechamos, y nos vamos a lo nuestro, que es hacer negocios con Arizona. Bien por la gobernadora, que está enseñando que en política lo cortés no quita lo valiente.

Correspondencia a demiandu1@me.com

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