Podemos crear un círculo virtuoso con la educación @SNTE_Seccion28

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Guillermo Frescas / Punto de Enfoque

Nos acompañó en la Mesa Libre Opinión el secretario general de la Sección 28 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Francisco Javier Duarte, y con su charla me hizo recordar algunos detalles de mi primera juventud.

La secundaria fue una época dorada para mí, la vida me sonrió con ganas y me deje querer. Tuve excelentes profesores, allá en mi tierra natal Chihuahua, Chihuahua. Maestros apasionados y comprometidos (claro que los había menos buenos, pero la mayoría me dejó un rico legado).

El caso es que cuando estaba por terminar la secundaria, gracias al ejemplo de los buenos profesores mi primer opción era inscribirme en la Normal del Estado, entonces no había que hacer la preparatoria, sino que ibas directo a la formación magisterial, hace 32 años.

Sentía una fuerte inclinación hacia esa noble actividad, pero atendí a un mal consejo, hoy lo sé, alguién me dijo que los maestros se morían de hambre. Y me la creí.

No era mi vocación, puesto que no hice lo debido para seguir el primer impulso, lo sé en retrospectiva, sin embargo, la educación es un tema que me sigue apasionando, ya que representa la mejor y única forma de contribuir al bien ser y bien estar de quienes nos rodean.

Y todo esto me vino a la mente porque comentábamos con el líder magisterial de los casos deplorables de algunas personas que trabajan en esta noble profesión sin tener verdadera vocación para ello, con lo cual causan gran daño al tesoro que se les confía, que son nuestros niños y jóvenes.

Afortunadamente son los menos, esos “profesores” que sólo van tras un cheque y son muchísimos más los que generosamente ejercen su vocación, una de las más nobles que podemos encontrar y de los que depende el presente y futuro de nuestra patria.

Ojalá entendiéramos todos, padres de familia, autoridades, estudiantes y los mismos docentes, qué es lo que está en juego a través del desempeño de los maestros, ojalá nos quedara bien claro que su labor es fundamental para poder lograr el futuro promisorio que deseamos para nuestra nación.

Ellos, los maestros, juntos con los padres de familia, son los artifices, los programadores (para decirlo con palabras del siglo 21) del software para el hardware más trascendental, son los forjadores del capital más importante que tiene la sociedad, del capital humano.

Cierto que no todo el trabajo de la educación debe recaer en los maestros, necesitamos que los padres de familia nos convirtamos en verdaderos maestros para nuestros hijos, con la tarea fundamental de educar su voluntad a través de la disciplina, que es otra cara del amor.

Evidentemente nadie puede dar lo que no tiene, luego entonces hay que educar a los padres, para que estos a su vez puedan educar a sus hijos en la parte que les corresponde y generar así un círculo virtuoso.

Me parece, desde mi punto de enfoque que las empresas y los sindicatos son el lugar idóneo para educar a los padres de familia.

Sin embargo, esto requiere que los empresarios y los dirigentes sindicales tomen conciencia de la enorme oportunidad que tienen para comenzar una revolución educativa que podría conducirnos hacia la grandeza que México aspira.

Es una jugada de tres bandas, pero requiere de visión, compromiso y sobre todo generosidad de todos.

Es un tema complejo, pero por algún lado hay que empezar a desenredar la madeja. Obvio que habría que analizar qué es lo que los padres necesitan aprender para poder enseñarselo a su hijos, para que estos sean material dócil en las manos expertas de los profesores, pero esa es otra historia.

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