Se calló y se cayó

por Juan Carlos Zúñiga

Algunos imaginan a Manuel Bartlett, entonces Secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, como un gran mago que apaga la computadora, cambia las cifras de la elección y enciende de nuevo la máquina.

El año 1988 significa para las nuevas generaciones “la caída del sistema”, cuando el Gobierno federal organizaba las elecciones porque no había IFE o INE y tampoco encuestas de salida ni programas de resultados electorales preliminares.

Las primeras señales de advertencia para el PRI empezaron a confirmarse pasado el mediodía del 6 de julio de 1988. Los gobernadores comenzaron a recibir reportes inquietantes, todos ellos procedentes de las filas priistas que en aquel entonces no estaban acostumbradas ya no digamos a perder, sino a una fuerte competencia. Para ellos, la maquinaria del PRI era “invencible”, no contemplaba en su horizonte la posibilidad de que ésta no funcionara y mucho menos que les jugara cubano. Se habían confiado.

Manuel Bartlett marcó la red a Los Pinos. Le informó al presidente Miguel de la Madrid: “Oye, las cosas están saliendo muy negativas; por lo que me estoy dando cuenta, las cosas vienen mal”.

Fue entonces que empezó una desesperada carrera para llevar votantes de última hora, detener la votación con algún pretexto, robar urnas, anular boletas a escondidas o de plano quemarlas, cambiar números en las actas, falsificar firmas de representantes de casillas, hurgar en los lugares donde no hubo representantes de la oposición y meter “zapatos”, ¡lo que fuera!

Así, para las seis de la tarde, hora del cierre de casillas, la “chamba” para los angustiados y desorganizados priistas apenas comenzaba. En cambio, en el sótano de la Secretaría de Gobernación los operadores aguardaban impacientes ante los teléfonos -220 magnetos o líneas directas y otros 60 teléfonos de apoyo- para recibir el reporte de los resultados de 54 mil 641 casillas distribuidas en todo el País y alimentar la computadora central que tenían a sus espaldas.

Sería la primera vez en la historia electoral que los partidos políticos tendrían oportunidad de seguir paso a paso el flujo de los resultados. Cada representante de partido tendría una computadora en donde fluirían los datos de la elección.

Cerca de las 20:00 horas, la primera pantalla que se prendió fue la del PAN y rápidamente se pusieron a ver que los resultados provenientes del estado de Hidalgo le pegaban al PRI.

Pasadas las ocho de la noche, se prendieron todas las computadoras y apareció la misma información en todas. Siguió entrando información de Hidalgo, unas siete casillas, y el PRI pierde todas. Y luego alguien dijo por allá: “Yo también tengo información de Morelos”. Entonces todos corrieron para allá, y luego todos para acá y estaba reteanimada la cosa y que ¡se apagan todas las computadoras!

En eso estaban, casi a las nueve de la noche, cuando por el monitor alcanzaron a ver cómo entraron los representantes de los partidos al salón donde sesionaba la Comisión Federal Electoral. Los periodistas los siguieron, entraron en tropel, se fueron encima de unos y otros. Fernando Gómez Mont se acercó a Diego Fernández de Cevallos, representante del PAN, y le narró lo acontecido con las terminales instaladas en el Registro Nacional de Electores.

Diego se enderezó, tomó el micrófono y soltó la frase que marcaría con hierro la elección de 1988:

“Se nos informa que se calló la computadora, afortunadamente no del verbo caerse, sino del verbo callar”.

Manuel Bartlett se volvió hacia el secretario técnico, Fernando Elías Calles, quien confirmó:

“Efectivamente, el sistema se cayó”, utilizando la idea del verbo caer, no callar.

El relato anterior lo construí con fragmentos textuales de la magnífica investigación periodística de Martha Anaya titulada “1988: el año que calló el sistema”, publicada por Debate hace 10 años, justamente cuando se cumplieron 20 años del fraude electoral que se cometió contra Cuauhtémoc Cárdenas y del que, en parte, se le responsabiliza al futuro Director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, quien fue nombrado por el virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Hoy con 82 años de edad, el político poblano recibirá una CFE con resultados financieros desastrosos.

La pérdida neta de la empresa eléctrica creció casi 75 veces en el segundo trimestre del año comparada con igual plazo de 2017 al llegar a 28 mil 458 millones de pesos.

Bartlett, además de Secretario de Gobernación hace 30 años, fue Secretario de Educación con Carlos Salinas de Gortari y Gobernador de Puebla. No tiene experiencia en el ramo eléctrico, pero como bien narra Martha Anaya, sí la tiene en caídas de sistemas. Seguramente habrá muchos más apagones.

*Juan Carlos Zúñiga es Director de Noticias de Uniradio. Premio Nacional de Periodismo 2002. Conductor del noticiero Reporte 100 por Stereo 100.

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