El trilema de lo pragmático, lo político y lo ideológico

Arturo Soto / El Zancudo

A ver, en lo que nos ponemos de acuerdo sobre si la cuarta transformación está más cerca de un Estado revolucionario de obreros y campesinos pobres, o la reedición de los pactos entre la mafia del poder, conviene echar un ojo a este día que acaba de pasar y que estuvo bastante movidito, para ser lunes.

 

Por rumbos del Congreso del Estado se apersonaron ayer algunos diputados electos de la coalición Juntos haremos historia, para entregar un oficio mediante el cual solicitan al presidente de la diputación permanente, Rafael Buelna Clark acelere el proceso de entrega recepción, publicando las bases a través de las cuales los funcionarios del Poder Legislativo entreguen al Oficial Mayor la información relativa a los recursos humanos, materiales y financieros que tengan asignados para el ejercicio de sus atribuciones.

 

De acuerdo con los solicitantes, ese proceso debió iniciar desde el mes pasado y hasta ahora la información no aparece en el portal del Congreso.

 

Los morenistas han designado a un equipo encabezado por Adolfo Salazar Razo para hacerse cargo de este proceso, aunque me dicen que la solicitud tendrá el mismo fin que una presentada la semana pasada por el diputado electo por Guaymas, Rodolfo Lizárraga, en la cual hasta designó a tres personas para hacerse cargo del proceso de entrega recepción.

 

Es decir, le aplicarán el artículo cesto, toda vez que los diputados electos aún no tienen facultades ni atribuciones para esos efectos.

 

Lo que aparece detrás de este trámite es la precipitación de los diputados electos para comenzar a ejercer sus funciones, algo que sucederá hasta el 16 de septiembre, cuando comiencen los verdaderos jaloneos, sobre todo a la hora de reestructurar el aparato administrativo del Congreso, ya que la nueva mayoría morenista viene con la intención de cambiar prácticamente a todos los titulares de direcciones y subdirecciones, así como otros cargos, mientras que los funcionarios actuales no quieren irse.

 

Esto, señoras y señores, será un capítulo intenso en los días que vienen.

 

II

 

Y si de intensidades hablamos, la alcaldesa electa de Guaymas, Sara Valle acudió ayer a la oficina más refrigerada de Palacio de Gobierno, para conversar con Claudia Pavlovich sobre los retos que habrán de enfrentar juntas en los tres años por venir. Y para invitar a la gobernadora a su toma de protesta el próximo 16 de septiembre.

 

Un acto de civilidad política y buena voluntad en medio de los agitados días que precedieron este encuentro, lo cual suena bien, considerando que por encima de las diferencias políticas se encuentra la relación institucional entre gobernantes que habrán de estar coordinados, atendiendo los reclamos de sus representados, que son muchos. Los reclamos y los representados.

 

Sara Valle llegará a la alcaldía de Guaymas con una legitimidad incuestionable, venciendo por paliza a todos sus adversarios. Fue postulada por el Partido del Trabajo, en coalición con Morena y el PES y fue una de las candidatas que proporcionalmente, considerando las listas nominales, más votos le acarrearon a Andrés Manuel López Obrador.

 

Este encuentro marca la pauta para otros que veremos con mucha frecuencia después del 16 de septiembre, pues los nuevos alcaldes se encontrarán, como suele suceder cada tres años, independientemente del partido por el que lleguen, con las arcas municipales vacías.

 

Obligados a solicitar una línea de crédito para cubrir la nómina y los aguinaldos del personal a su cargo, y que deberá ser autorizada por el Congreso, para que el gobierno del estado gestione ante instituciones de crédito los salvavidas que le permitan a los nuevos presidentes municipales salvar el fin de año.

 

Más pronto de lo previsto, lo programático y lo ideológico cederán paso a lo pragmático del ejercicio de gobierno, donde se trata de resolver los temas de la agenda diaria, esos que requieren soluciones prácticas sobre caminos institucionalmente construidos desde hace mucho, y ya muy andados.

 

Ni Sara Valle ni Claudia Pavlovich son novatas en esto. Saben que, como el propio Andrés Manuel lo dijo, una cosa son las campañas y otra el ejercicio de gobierno, en el que se tiene que ponderar el interés de los ciudadanos, antes que el de las huestes partidistas. Y lo que sigue es la disyuntiva entre el acuerdo y la confrontación, de manera que ambas están marcando la pauta en ese sentido.

 

Habrá a quien le guste y a quien no este encuentro, pero también de eso se trata la política.

 

Es un poco lo que sucede en Hermosillo, Célida López, acaba de designar a Elliot Romero Grijalva como el próximo director de Agua de Hermosillo.

 

El tipo llega con todo el apoyo de la alcaldesa electa y con la consigna de sanear las finanzas de la paramunicipal. Abogado de profesión, la referencia más cercana en su currículum es su trabajo en la consejería jurídica que tutelaba Carlos Espinoza en el gobierno de Guillermo Padrés.

 

Habrá a quien le guste y a quién no. Especialmente no les va a gustar a un sector del morenismo que se han desgarrado las vestiduras y se han tirado al piso con técnica y maestría que envidiaría el propio Neymar en cuartos de final, lanzando alaridos para dejar claro que no permitirán que la alcaldesa designe a alguien proveniente de la mafia del poder, del odiado PRIAN y así.

 

Lo cierto es que Célida López abrió un proceso interesante para que la sociedad civil proponga ternas y ella determine quién ocupará los principales cinco cargos de su administración.

 

Pero como alcaldesa electa, también tiene la prerrogativa de nombrar a otros funcionarios, como es el caso de Elliot Romero. En descargo hay que decir que nada, nadie, es monedita de oro ni está exento de críticas ni del beneficio de la duda.

 

Sólo me llama un poco la atención y me dan un poco de ternura los morenistas que festejaron por todo lo alto la inauguración de la Cuarta Transformación, pero que a la hora de tirar las estatuas del pasado, se encontraron con que no estaban tan mal, y sólo hay que retocarlas.

 

En fin, son cosas por las que nos debemos seguir felicitando, porque estamos vivos y las seguimos viendo.

 

 

 

III

 

Unos mil trabajadores de diversos sindicatos marcharon ayer para exigir mejoras en el servicio médico, abasto de medicamentos y liberación de los procesos de pensión y jubilación, demandas que no por añejas dejan de ser legítimas.

 

El pequeño problemilla es que la institución se encuentra en crisis desde hace varios sexenios, pero ésta se agravó en el periodo 2009-2015, con la historia del salvaje saqueo que ya de sobra conocemos todos.

 

En marzo de este año, el estrenado director Pedro Ángel Contreras Pérez anunció un plan de rescate llamado PRO-5, que básicamente consistía en recapitalizar el instituto a partir del cobro a dependencias gubernamentales, ayuntamientos, paramunicipales y paraestatales, así como instituciones de educación media y media superior, que junto a otros rubros hacían un total de 5 mil millones de pesos de déficit.

 

La situación del Isssteson es crítica. En esas fechas había adeudos a proveedores por mil 500 millones; un fondo de pensiones en el que debería haber 4 mil millones y sólo había 148, entre otros temas que no se ve cómo puedan ser subsanados en el corto plazo.

 

Los avances del llamado PRO-5, que incluía también la venta de algunos bienes, no se conocen, pero evidentemente no han sido sustanciales, pues de ser así ya se hubieran resuelto algunas cosas y, aunque hay avances en otras, persisten problemas como el abasto de medicamentos, que es una de las quejas más recurrentes de los afiliados.

 

Pedro Ángel Contreras reconoció ayer que hay carencia de medicamentos para la diabetes e hipertensión, y aunque las farmacias cuentan con un inventario que cubre el 80 por ciento de la demanda, la falta de otros provoca malestar entre los derechohabientes.

 

El problema principal del Isssteson es de falta de recursos y no se ve por dónde podría llegar una inyección poderosa de esa medicina, al menos en el corto plazo, así que lo más probable es que las protestas sigan.

 

Por cierto, la ex directora de esa institución, Teresa Lizárraga está a unos días de dejar su curul en San Lázaro, donde gozó de tres sabrosos años de fuero y privilegios. Quizá sería bueno llamarla a que rinda cuentas sobre lo sucedido en la administración padrecista, especialmente con el fondo de pensiones, pero a como pintan las cosas, tampoco se ve cercana esa fecha.

 

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