Por qué marchar con la #OlaCeleste

Guillermo Frescas / Punto de Enfoque

No deja de sorprenderme que un hecho, no una opinión, sino un hecho evidente e inobjetable, demostrado por la experiencia, por el sentido común y más aún por la ciencia moderna, sea ignorado como si fuera una simple opinión.

Nadie puede negar que el óvulo femenino fecundado con el gameto masculino es un ser vivo, que crece y se desarrolla dentro de los parámetros que su naturaleza le establece.
No he sabido (ni usted) de un óvulo humano fecundado que devenga en otro ser que no sea un ser humano, vamos, el resultado está totalmente determinado, es un ser humano, niño o niña, no más, ni sandía, ni melón, ni perro, ni gato.

Y este conocimiento pertenece a la experiencia y al sentido común, pero aún más, la ciencia actual se ha encargado de confirmar que el óvulo fecundado es desde ese momento portador de una carga genética, un ADN, totalmente diferente al ADN de su madre y, desde luego, de su padre.

Esto es importante tenerlo claro, ya que la decisión que se toma en relación a la preñez siempre afectará no sólo a una persona, sino a tres: a la madre, al bebé en gestación y al padre, que también es progenitor.

Lo digo de otra forma: una vez fecundado, el óvulo es radicalmente una nueva persona, que afortunadamente es protegida en su derecho a la vida por la Constitución de Sonora, como lo establece el artículo primero.

En esta lógica, es inaceptable pretender que la mujer tiene derecho a decidir “interrumpir” el embarazo, como lo dicen eufemísticamente. La mujer no tiene derecho a asesinar a su hijo no nacido, digámoslo como es. El aborto es el asesinato de un ser humano indefenso, hecho que no debe y no puede ser protegido por la ley, escudada en dudosas razones de presunta salud pública.

Alegar como justificación para el aborto, por ejemplo, la violación, es un despropósito, es condenar a tortura a la víctima de la violación y a la muerte a una persona inocente que también es víctima de ese hecho monstruoso, mientras el culpable es protegido por los derechos humanos.

Alegar que es necesario legalizar el aborto porque muchas mujeres mueren por abortos clandestinos, es pretender matar una mosca con un cañón, es decir, la solución es desproporcionada, cuando debería pensarse en ayudar a las personas a tomar conciencia de la gran responsabilidad que significa tener un compañero de vida y a entender la sacramentalidad del acto sexual cuya finalidad natural es la procreación para la subsistencia de la especie humana y no un mero deporte o entretenimiento, como se promueve hoy por todos los medios.

La sexualidad es fundamental en la persona humana porque de ella depende el futuro de toda la especie, no sólo por el disfrute personal que ella proporciona, sino porque es la puerta al capital humano que la sociedad necesita para desarrollarse plenamente.

Permitir que el Sistema Neo Liberal o Neo Progresista, a través de los legisladores (diputados y senadores) nos imponga una ley abominable que legalice la muerte de niños no nacidos es permitir que ese Sistema-gobierno se entrometa en el futuro de nuestras familias, abriendo la puerta a la cultura de la muerte, cimbrando la base de nuestra sociedad, que de por sí sufre espasmos con la violencia (asaltos, feminicidios, secuestros, asesinatos, etc.) que por momentos parece rebasarnos. No más violencia, menos contra seres indefensos.

Hagamos oír nuestra voz este sábado 20 de octubre, la cita es el Parque Madero, por el lado de la capilla del Carmen, en punto de las 4 de la tarde, para marchar a la sede del Congreso del Estado. Viste de blanco o de azul celeste. ¡Nuestra familia lo vale!

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