Claussen y Chirinos: faena en el Congreso

por Arturo Soto Munguía

A manera de chascarrillo, comienza a mencionarse con insistencia en los pasillos del Congreso del Estado la posibilidad de que las curules de algunos diputados y diputadas sean ocupadas por sus asesores, que finalmente son quienes los “tarjetean”, aunque con tan mala fortuna que en algunos casos se tienen serios problemas para darles lectura, y ni se diga para interpretar los textos, mucho menos para la réplica o contrarréplica.

Como chascarrillo, pasa. Pero en algunas bancadas deberían pensar, con buena fe y sentido autocrítico, pero sobre todo con la responsabilidad del grave compromiso que suponen las tareas legislativas, en dedicar parte de su tiempo al estudio y capacitación en asuntos de leyes, técnica y protocolos legislativos, administración pública y por qué no, a tomar algunos cursillos de lectura, por decir algo.

No son, en serio, ganas de hacer escarnio de la novatez, cuando no el franco desconocimiento que algunos lucen en las sesiones, sino algo que verdaderamente debería preocuparles, no sólo a ellos; también a sus jefes políticos: desempeñar un serio papel de contrapeso al Ejecutivo, legislar en función de las necesidades sociales, culturales, económicas y políticas del estado y no a partir de un discurso pletórico de lugares comunes propios de campañas electorales que han quedado atrás.

Quedarse en el cliché de que “más vale tener diputados honestos aunque no sepan de lo que hablan, que tener diputados rateros como antes”, no sólo no es suficiente, es aterrador. Incluso considerando que la honestidad es un valor que se adquiere por ósmosis sólo al firmar su militancia en una opción distinta al “PRIAN”, lo que todavía está por verse y a esta legislatura le falta mucho para que termine.

En descargo, hay que decir que no todos sufren del mismo mal. Hay algunos que ya acumulan experiencia por su paso hasta en dos ocasiones anteriores, por el Congreso, y otros que, sin experiencia legislativa han resultado gratas revelaciones, como Julio Alfonso Montes Piña, del PES; Francisco Javier Duarte, del PANAL, Eduardo Urbina, del PAN y Rodolfo Lizárraga, del PT, cuyo histrionismo lo ha posicionado como el más carismático de la actual legislatura, para despecho de sus detractores, que también los tiene.

Pero las comparecencias de los funcionarios estatales que se están llevando a cabo desde la semana pasada han exhibido las poquísimas tablas de algunos legisladores (y legisladoras) a la hora de protagonizar su papel como fiscalizadores del ejercicio de gobierno, lo que pretenden suplir con señalamientos que generalmente no pueden comprobar ni argumentar por sí mismos y quedan sólo en un ejercicio testimonial que puede resultar tan crítico como inservible para efectos vinculantes.

Ya el secretario de Economía, el director del Isssteson, el contralor estatal y el titular del ISAF los habían dejado con la carabina al hombro, pero lo que pasó ayer debería mover a la reflexión. El vicefiscal para delitos electorales, Pedro Pablo Chirinos y el secretario de Salud, Enrique Claussen les aplicaron toda clase de verónicas, recortes, chicuelinas, gaoneras, navarras, delantales y demás suertes taurinas, para salir casi en hombros, con orejas y rabos en las manos.

Algunos momentos climáticos: cuando la diputada del PES, Leticia Calderón leyó trabajosamente una carpeta en la que le cuestionó a Enrique Claussen sobre una video de campaña negra que circuló en 2015, donde lo acusaban de servir de intermediario en el caso de unas presuntas maletas llenas de dinero para la campaña electoral de ese año, citando una grabación telefónica.

El secretario de Salud, con aplomo, le agradeció la pregunta y, en una alocución propia de un guion para Libertad Lamarque, expuso que a él también le duele mucho ese episodio difamatorio, porque lastimó mucho a su familia, a su esposa e hijos, cuando ni siquiera era su voz la que aparecía en esa grabación. N’ombre, hasta en la sala de prensa hubo pucheros entre algunas reporteras.

Otra que se vio muy malita fue la coordinadora de Morena, Ernestina Castro, quien acusó a Chirinos de padecer “autismo político”, lo que le valió una buena reprimenda de Francisco Javier Duarte y Luis Mario Rivera, lamentando que la diputada utilice la condición con la que viven miles de personas, en un sentido peyorativo y con connotaciones políticas.

Y como en la casa del jabonero el que no cae resbala, hasta a los más experimentados legisladores, como Gildardo Real, que ya pisa por tercera vez el pleno (todas como plurinominal, por cierto) les ganó la víscera y se le fue a la yugular a Chirinos acusándolo de ser un empleado de la gobernadora, recordando que tres años atrás firmó sendos desplegados contra ella.

Entonces ¿es empleado de la gobernadora o es su adversario? Gildardo Real se enredó en su discurso, acaso motivado por viejos resabios derivados de aquellos tiempos cuando Chirinos trabajaba para él, cuando el hoy diputado coordinaba la campaña de Javier Gándara a la gubernatura. Chirinos es, desde luego, un hueso duro de roer. Con amabilidad, le expuso que él estaba allí para responder por el trabajo al frente de la vicefiscalía, y conminó a Gildardo a acudir a su oficina, si es que tenía algún asunto personal qué tratar.

Por lo demás, fue muy evidente que Claussen Iberry hizo su chamba de cabildeo previo con los legisladores, y ya se le comienza a mencionar como el Don King de la política, por aquello de organizar los pleitos más arreglados de la historia. Los cuestionamientos a su ejercicio fueron puras bobitas y rectas al pecho que el secretario bateó sin despeinarse mucho.

Tampoco podía ser de otra manera. Frente a él, en una hilera de sillas que lo separaban de los diputados, estaba una batería de viejos lobos de mar, todos ellos ex secretarios de Salud, entre los que el más desinformado e inexperto era José Raymundo López Vucovich, listos para tarjetear, pero bien, no como otros.

En fin, veremos cómo pintan las cosas en los días por venir. Faltan algunas comparecencias, pero el siguiente tema importante en la agenda legislativa es la aprobación del paquete presupuestal, donde también se va a requerir de mucho cabildeo.

II

Y a propósito de cabildeo de altura, buena señal la que sale del encuentro que sostuvieron la gobernadora Claudia Pavlovich con el coordinador estatal de programas del próximo gobierno federal, Jorge Taddei, a unos días de que se dé el cambio de poderes en el gobierno federal.

En los próximos tres años, estos dos personajes serán clave en la agenda pública de Sonora y es fundamental que comiencen a construir una relación civilizada y madura, lo cual no sería raro, porque ambos tienen el bagaje suficiente para hacerlo.

Por cierto, la gobernadora se reunió ayer con los delegados federales que ya empacaron sus cosas para despedirse del cargo. El encuentro fue privado y de lo que hablaron, pues sólo ellos lo saben, aunque se filtraron algunos temas que por motivos de espacio comentaremos en próximo despacho.

III

Excelente el evento organizado ayer por la dirigente del sindicato Salvador Alvarado, Iris Sánchez Chiu, para celebrar el día estatal del jornalero agrícola, teniendo como invitado especial al irrepetible pitcher de Grandes Ligas, el zurdo de Etchohuaquila Fernando Valenzuela.

Un acierto de la ex diputada local traer al legendario beisbolista surgido de la orgullosa etnia Mayo para exponer su historia de vida y conversar con hombres y mujeres que comparten sus orígenes humildes y sus esperanzas siempre presentes.

Presente en todo el encuentro el recuerdo del fundador del sindicato, y padre de Iris, Trinidad Sánchez Leyva, a quien se le sigue echando de menos.

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