Las razones del presidente (o por qué el pueblo se cansa)

Pasión por los Negocios

por Demian Duarte

Acabar con los huachicoleos de arriba y de abajo porque el pueblo se cansa de tanta pinche transa.

Muchos de los mensajes cifrados del presidente Andrés Manuel López Obrador en las primeras semanas de su gobierno comienzan a cobrar sentido, en especial como es que su administración pretende acabar con la espiral de corrupción que se ha enquistado en el quehacer público, en la lógica de que un político pobre es un pobre político y que al llegar a una posición de poder el que no roba es tonto.

Me queda claro que López Obrador se ha tomado muy en serio su trabajo y aunque empezó quizás con una de las misiones más complejas que se pudo haber echado encima, es decir la de combatir el robo de combustibles que le estaba costando a Petróleos Mexicanos la sangría de 66 mil millones de pesos al año, emprendió esa lucha y lo hizo bastante bien.

Hoy ni quien se acuerde de la crisis que se generó en el principio por el cierre de los ductos de combustible en el centro del país y es que al final del día la intervención del Ejército y la Marina en labores de vigilancia terminó por funcionar, se frenó el robo de combustible y la estrategia de distribución está operando, desde el fin de semana nadie habla ya de desabasto y poco a poco el resultado comienza a mostrar que valió la pena emprender una lucha frontal, contra un delito descarado y abierto, que representa un reto para el gobierno.

Se tocaron claro grandes intereses, la situación generó muchas reacciones airadas e incluso amenazas a la persona del presidente. Sin embargo el tema ya se calmó, al menos por el momento.

De ahí que está semana Andrés Manuel López Obrador se haya decidido a ir por 3 nuevas cruzadas, la primera es acabar con las injusticias que se viven entre los derechohabientes del Infonavit, lo que seguramente le elevará enormemente los bonos entre la clase trabajadora, pero al mismo tiempo, trabajará contra el robo abierto y descarnado de que es objeto ese instituto, la mayor hipotecaria del país, precisamente porque muchas fortunas que se han hecho en el sector de construcción de vivienda se han dado al calor de la corrupción más vil, pues se dan viviendas de ínfima calidad a los trabajadores y se les cobra como si se tratará de casas-habitación en zonas residenciales de alta plusvalía, lo peor de todo es que los materiales, los terrenos y los costos financieros de esas viviendas están inflados, lo que se ha convertido como se señaló oportunamente en un fraude enorme contra la nación y contra los trabajadores.

López Obrador lo puso en claro, empresarios que se dan golpes de pecho y pretenden habitar el castillo de la pureza, hacen grandes negocios con sus amigos políticos alrededor del Infonavit, porque “les encantan los billullos”, según señaló el presidente López Obrador, quien además los llamó hipócritas y corruptos, y la verdad es que ejemplos de esa práctica es lo que sobra en Sonora y seguramente en todos los rincones de México.

Se han hecho grandes fortunas alrededor de la necesidad de los mexicanos y la verdad es que trabajar en pos de la justicia social y de mejor calidad de vida para los trabajadores es lo menos que el nuevo gobierno puede hacer.

La segunda es ir tras los grandes salarios de algunos integrantes de la alta burocracia y para muestra el botón de los 745 mil pesos mensuales que se embolsaba David Penchyna como director general del Infonavit (esto es 9 millones 800 mil pesos al año) es una de las situaciones más injustas y desequilibradas que puede haber, valga decir que el señor estaba ganando más que los magistrados del Supremo Tribunal de Justicia de la Nación, para señalar que ahí también había un saqueo.

Y no era solamente el director, sino toda la alta burocracia, directores estatales y regionales los que estaban saqueando literalmente al instituto, al grado de que ser parte de esa casta divina del Infonavit era una de las posiciones más peleadas cada cambio de sexenio. En Sonora (insisto) hay grandes ejemplos de eso.

Ahora los directivos ganan menos de 107 mil 500 pesos y aunque usted no lo crea eso representa millones de pesos en ahorros.

La tercer cruzada es intervenir en el jugoso negocio de las guarderías, un negocio de 2 mil millones de pesos, en donde hay enormes irregularidades, tantas que muchas de esas estancias infantiles cobran por niños que nunca han sido cuidados ahí, o que son sometidos a condiciones de alto riesgo, precisamente por esa práctica de subrogar todos los servicios que llevó a casos como el de la Guardería ABC en Sonora.

Justo ayer Carlos Urzúa, el secretario de Hacienda detalló que ahí se decidió cambiar el esquema y en lugar de dar el dinero en un negocio que adolece de muchos vicios, corrupción y favoritismos, mejor se decidió repartir el dinero entre los padres de familia y que ellos decidan si llevan a sus hijos a la guardería de su preferencia o si los llevan a cuidar con la abuela o con la tía.

El asunto es no imponer soluciones a los padres y si dar alternativas.

Hablamos de 350 mil niños, que están repartidos en 10 mil estancias infantiles en todo el país, eso significa una inversión de 5 mil 700 pesos por familia al año, en un asunto que sin duda es de vital importancia para una familia trabajadora, pues muchos padres viven con la incertidumbre de que hacer con sus hijos mientras ellos tratan de ganarse la vida.

Se trata de una decisión muy interesante, que se sustenta en la vieja idea de dejar de gastar el dinero en burocracia y mejor entregárselo a la gente que los necesita a fin de impulsar una recuperación del poder adquisitivo y la calidad de vida que permita a muchos más salir de la pobreza que padecen.

Y claro el empeño de López Obrador y su gobierno es luchar frontalmente contra la corrupción. En apariencia ese problema está presente en cada aspecto de las actividades del gobierno.

Por eso el pueblo se cansa…

Correspondencia a demiandu1@me.com

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