Culiacán: funesto manejo de crisis

por Nicolás Juárez Caraveo

En los últimos días el tema de Culiacán está en boca de todo México y claro en el mundo y ante la polarización que se ha desatado de quienes apoyan contra los que desaprueban las medidas implementadas, vale la pena hacer un análisis del manejo de la crisis que le explotó al gobierno en el tema de la seguridad.

Partiendo de la premisa que de pronto empezó en los mensajes de “facebock” y “twiter”: ¿Acaso eres experto en temas de seguridad para asegurar que fue una pésima estrategia la que implementaron para atrapar al Ovidio?”… definitivamente no, sin duda estamos muy lejos de aportar algo a las estrategias de seguridad, pero sí podemos analizar un poco del manejo de crisis que ha implementado el gobierno de México en esa materia.

En un primer momento, la bomba en Culiacán llega cuando el gobierno de la República requería urgentemente acciones concretas de que estaba trabajando en el tema de la seguridad; días antes, el lunes 14 para ser más exactos, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, presentó los números de la inseguridad: El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, reconoció que el número de homicidios en el país continúa siendo alto, pero sólo en cinco estados, entre ellos Chihuahua.

Según el funcionario, se registró un descenso en el número de muertos, el 0.4% casi lo mismo que el crecimiento económico del país, en pocas palabras no había nada que informar, la credibilidad cada vez más baja y ninguna acción de impacto que demostrara esa fuerza del gobierno, y claro, el éxito de la estrategia con la Guardia Nacional.

“Oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz”, fueron las palabras del presidente en su conferencia matutina del 30 de enero, y tras ellas la impunidad de los grupos criminales, por todo México sólo se escucharon las armas de los delincuentes, y las noticias de nuevo se cubrieron de sangre con el ataque a un convoy de la Policía Estatal de Michoacán que dejó 14 muertos en el poblado de Aguililla; un mensaje de que sigue la guerra, la impunidad y el control del crimen.

Desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador asumió el poder, el Gobierno de México sólo ha podido “cacaraquear” como un golpe al narcotráfico la captura de Santiago Mazari, «El Carrete», presunto líder de Los Rojos, uno de los principales grupos criminales del sur del país, nada más.

Para el secretario de Seguridad Alfonso Durazo y desde luego para el presidente Andrés Manuel López Obrador, urgía una acción contundente, una detención que cimbrara el bajo mundo de la delincuencia organizada y si se pensó que con la detención de Ovidio Guzmán se lograría, fue todo lo contrario; lo demás, ese pésimo manejo de la crisis informativa, sólo fue una secuela de las malas decisiones.

Y así llegó la tarde del jueves 17 de octubre. Según los datos, cerca de las 15:30 horas una patrulla con 30 elementos de la Guardia Nacional y el Ejército detienen a cuatro personas, entre ellas era Ovidio Guzmán López, hijo del “Chapo” Guzmán y desde ese momento los delincuentes ganaron todos los espacios.

Por todas las redes sociales, Facebook, Youtube, Whatssap, Messenger y Twitter, lo que corrió como reguero de pólvora fueron los videos y audios de la delincuencia que tomaron literalmente las calles de Culiacán, frente a esa avalancha informativa donde el mensaje era que la única negociación era que soltaran a su líder. Existió un silencio sepulcral, ninguna autoridad del nivel municipal, estatal o federal dio la cara.

Desde ese momento los cárteles tomaron el control, no únicamente de la ciudad, sino informativamente y cualquier comunicación que se pudiera generar del área oficial quedaría apocada.

Antes de la versión oficial, al presidente se le cuestionó en el aeropuerto qué estaba sucediendo en Culiacán, y respondió : “El gabinete de seguridad ya se encuentra reunido para dar las declaraciones oficiales sobre el suceso”… más tarde un video con las caras largas de las máximas autoridades encabezadas por el secretario de Seguridad Alfonso Durazo, primero se trató de ocultar la información al señalarlo como un evento fortuito, y que para evitar una tragedia mayor, se liberó al capo, eso sí, aseguró que «el gobierno no está dispuesto a negociar con integrantes de organizaciones criminales”.

Error tras error en el manejo de la crisis, información que tuvo que ser corregida por el secretario de la Defensa Luis Crescencio Sandoval al aceptar que se actuó de manera precipitada y con falta de planeación, además de que se desestimó el poder de fuerza y convocatoria del grupo del hijo del Chapo.

No fue sino hasta el viernes 18 cuando empezó la estrategia ante los daños a la imagen de la presidencia no sólo en México, sino en todo el mundo, que en pocas palabras señalaban que el gobierno mexicano había sido doblegado por la delincuencia.

Otro error más, tuvo que ser el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador quien diera la cara, al asegurar que él estaba informado de todo y avaló la decisión de liberar a Ovidio, desde ese momento se desató una guerra sin cuartel en las mismas redes sociales, contra todos los que no estuvieran de acuerdo con el presidente, ese ejército de tuiteros y faceboqueros que hoy ocupan espacios en el gobierno federal.

Y ahí nos encontramos, en una polarización sin cuartel, unos defendiendo la decisión y otros atacándola, a mi parecer la segunda va ganando, la imagen presidencial recibió la estocada más profunda de lo que va del régimen y no se ve cómo pueda levantarse.

Claro que como toda crisis se requieren acciones concretas, no sólo ganar las tendencias en las redes sociales, por lo que algunos ven como la única solución recapturar al capo, como lo maneja en su edición de este fin de semana la revista Proceso.

Una presión más a esta deteriorada imagen es el “respaldo” del presidente de Estados Unidos Donald Trump al presidente de México, porque si ese apoyo incondicional es el enviar tropas y cuerpos de élite a realizar el trabajo de nuestra Guardia Nacional, entonces no sólo se verá doblegado por el crimen, ahora por los gringos.

En fin, una grave crisis de imagen y credibilidad del gobierno de la República, pero sobre todo de nuestro Ejército, que hasta este momento había estado intacto a pesar de muchos presidentes.

Anuncios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.