Hay un dejo de soledad en el aire de estos días…

por Arturo Soto Munguia

Es como si en el aire de estos días flotara una extraña mezcla de soledad, de incertidumbre. Hay un dejo de miedo en las calles, en las casas, en las oficinas. Como una desazón entre creer que nada pasará, y no saber la dimensión de lo que está ocurriendo.

Hay plazas y edificios desolados; poca gente en las calles pero mucha en los grandes almacenes y supermercados. La actividad cotidiana no se suspende del todo, pero ya hay gente habitando de tiempo completo sus hogares, evitando hasta donde sea posible el contacto físico con los demás.

Estamos aún lejos de llegar a los niveles de letalidad y contagio del Covid19 en otros países, pero las imágenes con un velo apocalíptico nos llegan a cada momento, de muchos lugares documentando la tragedia, el dolor, la muerte, con la misma carga emocional de otros pasajes heroicos y abnegados de médicos, enfermeras, hombres y mujeres comunes poniendo un cerco a lo desconocido.

Abundan también los improvisados epidemiólogos y los perversos oportunistas listos para propalar el miedo, que prende en la yesca seca de la ingenuidad o la desinformación.

El hecho cierto es que el mundo entero está en alerta y cerrando filas en la contención de la pandemia.

En México, los tres niveles de gobierno están haciendo lo que está a su alcance y consideran correcto. Se podrá validar o discrepar de los tiempos y las formas, pero es claro que son los hombres y las mujeres que tienen en sus manos las riendas del país, del estado y los municipios en estos momentos en que se requiere de serenidad, inteligencia, capacidad ejecutiva y destreza operativa.

En ellos hay que confiar, sin perder de vista que en juego está la salud propia y por lo tanto, de cada quien depende hacer lo necesario para superar este sorpresivo episodio.

A estas alturas queda claro que la principal arma para romper la cadena de contagios es el distanciamiento social (vaya paradoja en tiempos de unidad); el permanecer hasta donde sea posible, aislados y distantes, evitando aglomeraciones y contactos físicos con otras personas.

En esa lógica aparece acertada la campaña ‘Quédate en casa’ que ha sido puesta en marcha por el gobierno del estado y el gobierno municipal de Hermosillo; también y con variantes por otros gobiernos.

Sin embargo era necesario homogenizar criterios entre diversos niveles e instancias de gobierno para afrontar juntos y organizados la contingencia.

Ayer se llevó a cabo una reunión de la gobernadora Claudia Pavlovich con los 72 alcaldes de Sonora para esos efectos. Me dicen que la reunión sirvió para probar algunos protocolos de prevención, como el uso de gel antibacterial y la separación de al menos un metro entre uno y otro asistente al Salón Gobernadores.

Allí se acordaron algunas acciones a seguir, y que tienen que ver con la suspensión de algunos eventos en puerta, la difusión de campañas informativas, la instalación de filtros y módulos de revisión en aeropuertos, terminales de autobuses, el control de los accesos a las playas públicas de la entidad; cancelar fiestas patronales y sociales donde se reúnan más de diez personas y cerrar servicios no esenciales como gimnasios, cines, casinos.

También se instaló una mesa de seguimiento, en la que participan representantes de las cámaras empresariales y líderes sindicales. La idea es integrar a todos los actores sociales, políticos, gubernamentales en un solo objetivo: detener hasta donde sea posible la previsible escalada de contagios en Sonora y salir lo mejor librados de este episodio.

En el camino, desde luego habrá imponderables, porque a veces no todos están en la misma sintonía o con las mismas capacidades.

El primer caso confirmado de coronavirus en el estado es un ejemplo. Diagnosticado en el Issste, tuvo que ser trasladado al Hospital General del Estado porque en el nosocomio federal se carece aún hasta de lo más indispensable. Médicos y enfermer@s protestaron porque no cuentan siquiera con mascarillas, guantes, gel y otros productos y artículos básicos para la contingencia.

Una contingencia que definitivamente vino a modificar hábitos y rutinas y lo seguirá haciendo al menos en las próximas semanas.

Por primera vez desde que fueron creadas, en Hermosillo se suspenden las Fiestas del Pitic y se pospone la ExpoGan; se cierran casinos y gimnasios; se norman accesos a cines, restaurantes, antros y otros lugares de convivencia social; en Guaymas y otros puertos se restringe el acceso a las playas y en todo el estado se pide evitar eventos sociales de participación masiva.

Estas medidas de prevención son una parte del todo. Son efecto y causa y viceversa, porque habrán de tener repercusiones en otros temas, señaladamente en uno que no se ha medido hasta ahora en su justa dimensión: la economía.

Miles, centenas de miles de sonorenses dependen de las actividades cotidianas de otros, y dependen también de las necesidades de consumo cotidianas, habituales. Pequeños y grandes negocios están resintiendo ya los efectos de la semiparalización de las actividades habituales.

No hay, hasta ahora, un plan de contingencia para atender la crisis que se avecina y que ya está haciendo mella en negocios de todo tipo, señaladamente los del sector servicios, el gastronómico y el turístico.

Es, me parece, algo en lo que las autoridades de los tres niveles de gobierno deberían estar pensando, porque no estamos en Francia, Canadá o Rusia, donde se han puesto en marcha programas de apoyos y subsidios para paliar las consecuencias de la parálisis.

En México, ayer hubo una reunión del presidente de la República con su gabinete legal y ampliado. No ha trascendido mucho de ese encuentro, pero se sabe que el jefe de la nación les pidió mantener y enfatizar los programas de bienestar, es decir, el flujo de recursos para la subsistencia, pero no para la reactivación económica o el fortalecimiento de la infraestructura hospitalaria y de atención a la contingencia.

Ni toda la oposición junta había logrado poner a prueba, como ya lo hizo el coronavirus, el modelo económico de la cuarta transformación.

Veremos qué sucede.

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