Coronavirus: la incertidumbre

por Arturo Soto Munguia

Sólo hay algo peor que estar contando los muertos, y es la incertidumbre acerca de cuándo caerá la última víctima.

Incertidumbre que no sólo afecta a los ciudadanos, sino especialmente a las autoridades que no saben a ciencia cierta de qué tamaño será la desgracia cuando todo haya pasado, aunque tampoco saben cuándo sucederá eso.

Si algo tiene que reconocerse es que en Sonora se han tomado a buen tiempo las medidas preventivas, incluyendo el plan de reconversión hospitalaria en el que se han dispuesto recursos para atender la contingencia, y se habilitaron espacios públicos y se pactó con el sector hotelero para utilizar sus instalaciones como centros de atención a infectados.

No se sabe aún de qué tamaño será la tragedia, pero al día de ayer, cuando apenas inicia la etapa más crítica, en Sonora ya se contaron cinco decesos, todos ellos de mujeres. Hay 39 casos confirmados, 15 de ellos en Hermosillo, 6 en Cajeme, cinco en San Luis Río Colorado, cuatro en Magdalena; en Sáric, Guaymas y Navojoa, dos en cada uno y en Nogales, Huatabampo y Opodepe se ha registrado uno en cada uno.

Al margen del debate sobre un presunto manejo sesgado de la información en el que se estarían registrando como neumonías atípicas algunos decesos, la tasa de letalidad en Sonora es alta, más del doble de la media nacional, y eso debería alertar sobremanera a toda esa gente que insiste en mantener su ritmo normal de vida, en una situación que no es normal.

De brazos no se han cruzado las autoridades, aunque hay voces, mínimas e inspiradas más en mezquinas ponderaciones políticas, que no dejan de cuestionar todas las medidas, incluyendo las de conminar a la población a permanecer en casa.

A los dueños y dueñas de esas voces que incluso han hecho llamados a la gente para que desobedezca a la policía cuando sus agentes los inviten a no circular por las noches si no tienen actividades esenciales, de alguna manera les tocará cargar con algunos muertos y enfermos en su conciencia.

Hay otro tipo de mezquindades, pero éstas desde el poder, como la que comentábamos en un despacho anterior acerca de la obstinación del delegado regional del gobierno federal en el sur del estado, Bernabé Arana que,, despreciando la ayuda que el municipio de Cajeme le ofreció para ayudar a distribuir los recursos para personas de la tercera edad en sus domicilios, prefirió convocar a los ancianos a las plazas públicas para entregárselos allí.

En esos lugares se registraron aglomeraciones que contravienen la sana distancia, todo por el lucimiento personal de un funcionario; acaso por la malsana egolatría de sentirse poderoso y magnánimo repartiendo dinero personalmente.

Los cinco casos de personas fallecidas en el estado confirman la predisposición al coronavirus que tienen las personas de la tercera edad y aquellas que padecen hipertensión, obesidad, diabetes y enfermedades respiratorias, como seguramente es el caso de muchos de los beneficiarios de ese programa.

Pero bueno, el señor Bernabé Arana no entiende que no entiende.

II

Nos confirman un estado de alerta entre pobladores del Río Sonora y la sierra por el regreso de paisanos desde EEUU. También por el flujo de vacacionistas que sin considerar lo extraordinario de estos días, han echado hasta el perro para ir a visitar familiares o pasar unos días en los preciosos paisajes de la serranía sonorense.

Los lugareños están muy preocupados, sobre todo porque en todos esos municipios escasean los médicos y la infraestructura clínica es precaria y el coronavirus ya llegó a aquellos lugares, donde se van a endurecer las medidas para restringir el flujo de personas.

Lo mismo sucede en Hermosillo, donde el ayuntamiento ha dispuesto retenes en la carretera a Bahía Kino para conminar a los vacacionistas a que posterguen sus intenciones de ir a disfrutar del sol y el mar, como usualmente lo hacen en estas fechas.

¿Molesto? Sí, pero todos los que estamos guardando la cuarentena en resguardo domiciliario agradeceríamos mucho que evitaran ir a buscar fuentes de contagio que luego traerán a la ciudad.

III

Una nueva polémica desató ayer el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador con su invitación a los partidos políticos para que donen el 50 por ciento de sus prerrogativas para ayudar a mitigar la contingencia por el coronavirus.

La intención es buena y la ciudadanía no lo vería con malos ojos, pues desde siempre ha existido la idea de que los partidos salen bastante caros al erario y sus recursos bien podrían utilizarse en mejores cosas que mantener a una clase política no del todo simpática.

Pero al no estar claros los mecanismos para canalizar esos recursos, se tiene la sospecha -no mal fundada por cierto, ya que anteriores experiencias han resultado un ejercicio de opacidad lamentable- de que dichos recursos pueden ir a destinos inciertos.

Y es que la Ley General de Partidos Políticos mandata que el financiamiento a esas entidades de interés público debe ser utilizado exclusivamente para los fines que les hayan sido entregados.

Esa propuesta ya ha sido puesta sobre la mesa por diversos actores de varios partidos políticos. Más recientemente, fue el dirigente estatal del PRI, Ernesto de Lucas Hopkins quien la desempolvó y se mantiene firme en ella.

Ayer, el PRI nacional retomó esa propuesta y detalló que están dispuestos a reasignar la mitad de sus prerrogativas durante los cuatro meses que dure la contingencia, siempre y cuando no sea el gobierno quien los administre, sino un fideicomiso integrado por ciudadanos.

También pone como condición que por cada peso reasignado, la SHCP done otro y que esos recursos se destinen a la compra de equipo y material para realizar pruebas, medicinas e infraestructura médica, como respiradores y unidades de cuidados intensivos.

Morena ya fijó posición sobre el tema y presentó una propuesta al INE para canalizar la mitad de sus prerrogativas, unos 700 millones de pesos.

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